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De mayor quiero ser Exorcista

Ene 7, 2016 / by AdminJoseGamiz / In Uncategorized / Leave a comment

Con cara de bobo, con esa cara de incredulidad de vivir una situación dantesca, en la que piensas que si contaras lo que está sucediendo poca gente te creería. Quien no ha estado en una reunión comercial de estas. El problema no es que se produzcan, sino que periódicamente ocurren y lo que en un principio parece un hecho aislado no lo es.

Todo empieza con un mail o una llamada de un cliente potencial, al que te han referenciado o acepta verse contigo porque tenía en mente contactar con un profesional de tus características. Crees que llegas en el momento oportuno, la divina providencia te ha sonreído.

Llegas con ganas de comerte el mundo, escuchar y analizar la situación, para plantear una buena solución y hacer un gran trabajo. Pero en poco tiempo y tras romper el hielo inicial en este tipo de reuniones, el cielo azul que habías dejado en la puerta empieza a ponerse oscuro, muy oscuro, avisando de la tormenta que va a caer en breve.

Soy de la opinión que la gestión del capital humano, sobre todo requiere grandes dosis de sentido común, el menos común de todos los sentidos, como decía Einstein “solo hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez del ser humano”. Por ello en muchas ocasiones aunque la empresa nunca ha tenido un departamento o ha contado con profesionales de dicho ámbito, si ha sido capaz de actuar con sentido común, el desembarco de la gestión profesionalizada de los RRHH se hace sobre tierra fértil.

Pero es increíble la capacidad del ser humano de cometer grandes estupideces, incluso con departamentos y profesionales de RRHH, y llevar a las empresas y/o sus equipos a situaciones totalmente incomprensibles.

Recuerdo una micropyme de 7 personas. Dos personas en administración, una en el departamento comercial (estos tres eran hermanos y dueños), más cuatro personas en producción, que estaba dividió en dos departamentos. Sus dos jefes de departamento se pelearon, mejor dicho se dieron de tortas hacía 30 años, desde entonces nunca más se habían hablado. El sistema de producción era irreal, un área empezaba el producto y la otra lo terminaba, en medio como transmisor de trabajos realizados el antiguo dueño. En 30 años nunca habían vuelto a cruzar palabra y el trabajo de cada uno de ellos dependía del otro!!!!!!!!!!!

Contactaron conmigo porque llevan 2 años con un nivel de rotación brutal. Desde la jubilación del fundador, les habían contratado una persona de apoyo a cada uno de ellos. Su objetivo: la comunicación entre departamentos para coordinar el trabajo. Pero los jefes seguían sin hablar y los dueños pagan dos salarios más para poder coordinar la producción. Les pagaban por tener interlocutores entre los departamentos. Evidentemente el nivel de rotación era muy alto, nadie aguantaba a esos dos empleados cincuentones, ni el ambiente que se respiraba.

Su petición fue clara, “queremos que consigas que se den la mano y se vuelvan a hablar, esto no se puede aguantar”, “el problema es cada uno de ellos es imprescindible y se niegan a formar a gente nueva, nadie les parece bueno”, “su indemnización es tan alta, que la de cualquiera de ellos supondría prácticamente el cierre de la empresa”. Estos dos habían secuestrado a la empresa y a sus dueños, y estos tenían el síndrome de Estocolmo.

En otra ocasión en una empresa de servicios tenía una petición clara, el Director Financiero que era familiar directo de la gerencia. Estaba liado con una administrativa, y ya era la tercera vez que pasaba. En las dos ocasiones anteriores habían despido a las administrativas, en esta ocasión quería que seleccionara una administrativa que no cayesen en las redes del Director Financiero.

Una de las mejores fue en una multinacional Valenciana, donde el departamento de RRHH había detectado por entrevistas de salida y de prejubilación una práctica poco común a la vez que asombrosa. Dado que la política de la empresa era despedir cuanta menos gente mejor, dado que apostaban por ser una empresa sana, un alto porcentaje de las promociones y cambios se estaban dando al personal menos eficiente. De esta forma los jefes trataban de retener el talento de sus departamentos y quitarse de encima a las personas menos competentes.

Es increíble la de prácticas y decisiones absurdas que son capaces de tomar las personas en los puestos de trabajo.

La traca final suele llegar con la petición y la pregunta – afirmación, “Bueno ¿ los de Recursos Humanos sois los que os encargáis de esto no?”. Para luego normalmente proseguir, “¿esto con un par de charlas de formación o reuniones lo puedes arreglar no?

Knowmad Jose Gamiz

Soy un apasionado del conocimiento, me encanta formarme, pero aun no he conseguido que nadie me explique cómo revertir estas situaciones en un tiempo record. Pues bien hace un tiempo di con la clave. Algunos empresarios y directivos confunden los profesionales de los Recursos Humanos con los Exorcistas del Vaticano, sino no lo entiendo. Así que el día que desde la Santa Sede abran matrícula para realizar cursos de exorcismos, tengo claro que invertiré en esta formación. Porque lo que a veces nos piden es sacar el demonio que llevan dentro las personas, como él padre Karras, solo él o sus homólogos serían capaces de hacer que esos dos cincuentones se den la mano, que nuestro amigo el Director Financiero no esté con la caña preparada o cambiar la cultura de promoción y recomendación tan buena.

Por eso en ocasiones les respondón tal cual, “soy interim o consultor, pero no soy exorcista y lo que me piden yo no sé hacerlo en un par de charlas”, así que de mayor tengo claro lo que quiero ser… Exorcista, seguro que me forraba.

Este post se lo dedico a Cristina, una cliente que cuando me oyó decir lo del exorcismo casi se muere de la risa, SER FELICES.

 

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